miércoles, 15 de mayo de 2013

ELEFANTE 18






Cada vez que mi amigo…

Cada vez que mi amigo se acerca
y me guarda entre sus brazos,
veo la luz del sol y la noche que allí dentro
se esconde, cerrada
como las estaciones tropicales, los tanques
de guerra, y creo que nunca dejará de estremecerme
la cercanía de esas fieras o astros
que en la oscuridad de la jungla, se mueven
agitadas por el viento.


Osvaldo Bossi
NI LA NOCHE NI EL FRIO – textosintrusos, Colección Mangieri, 2012.






ESTACIÓN

Se mira en dirección
a los trenes
aunque estos ya no marchen
Se cuenta los pasos
hasta el chispazo refrenado del estruendo ,
hasta que todo queda atrás ,
hasta que todo queda…
Fijar los ojos
en los rieles dormidos
es aún una vía de escape.


     LAURA LÓPEZ MORALES




DAME UNA MENTIRA ENORME
Dame una mentira  enorme, que haga temblar

los pulsos de la edad

con su pisada grave y significativa,
que espante de mí los pájaros negros y los gusanos
que cosecho sin proponérmelo en la dársena del miedo
y se las arregle para hacerme creer que el hombre
puede salir de sí,
ser uno con la mujer y amarla sin destruirse.
Algo que dure un momento y venga de tus labios,
para que yo me esconda  y los altivos y los necios
no me vean.
Detrás de esos frágiles decorados vivirá feliz y
pequeñito,
lejos del tedio y de los ojos que escrutan en la noche.
Sin miedo al silencio y a las fieras,
luego que la mentira fuese pronunciada,
como por un hechizo efímero correrían los talones del
infortunio
y ni él, ni la miseria, pescarían ya nada en mis sentidos
embotados.
La angustia del hombre ardería como bruja-fénix
y estos ojos y estas pobres manos que rezan sin llegar
al rabo de Dios en las alturas, arrojarían al suelo,
deshecho, el viejo corazón de la amargura,
contentos en su careta nueva.
Dame una mentira enorme,
que haga girar al revés el tiempo en los relojes
y arrúllame en ella,
hasta que en mis labios aparezca
la helada sonrisa del idiota.

Luis Benítez

 POEMAS DE LA TIERRA Y LA MEMORIA-Ed. Stephen Bloom, Buenos Aires, 1980.






22

Gente que va a rezar. Gente que va a nadar. Yo voy a caminar. La pantalla enorme del cielo se mueve al azul oscuro. Las pantallas de las caras de las personas viran hacia el rosado oscuro. En las iglesias hay mujeres hermosas. El rezo es un gusano negro. Siempre el mismo. Pasa por todos los organismos de la congregación. El mismo, mismo, gusano negro. Pasa por los organismos de las mujeres hermosas. Por el cuerpo reseco del pastor. Por las panzas de los padres de los chicos que corren en la cancha de básquet. El mismo gusano negro los atraviesa. Una y otra y otra vez. Su método. Un hilo oscuro que cose bocas. El nadador sabe que abajo no hay nada. Salvo un filósofo ahogado. Una brazada y después otra brazada. El caminante sabe que no hay un yo entre un paso y el siguiente.


Ariel Williams

DISCURSO DEL CONTADOR DE GUSANOS – el suri porfiado 2011.



























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